Pudieran ser hermanos, amigos de la infancia, compañeros de celda o músicos de orquesta de salón -pantalones rojos, camisa blanca, la sonrisa cansada y satisfecha. “Son como niños, míralos, felices camaradas de la complicidad a punto de entregarse a otra lectura juntos.” Quien así los recuerda no es la madre, ni la amante o la esposa o la novieta sino la soledad de una lectora que aprieta entre sus pechos -mientras hace un pastel de aniversario- un libro donde sale la foto de los dos. No quisiera venderlo -siente que se desprende de parte de ella misma-, pero es una primera edición, dedicada, con manuscrito inédito escrito al alimón. Espera conseguir al menos veinte euros, justo para el tabaco y el postre de los niños, y piensa que la crisis acabará con todos, recuerdos incluidos, cuando dice la tele que en Bruselas interviene el Estado para que no caiga Fortis, y un ataque de risa la sorprende y estrella sobre el libro los huevos del pastel.
Pudieran ser hermanos, amigos de la infancia, compañeros de celda o músicos de orquesta de salón -pantalones rojos, camisa blanca, la sonrisa cansada y satisfecha.