Llegó con el bigote recortado y un disfraz imposible de personaje honesto. Invitado por nadie insiste en presentarse allí donde haya fiestas, verbenas populares o bailes de salón. Afirma que no bebe pero siempre lo vemos con la botella encima, mostrándonos su imagen campechana o el fervor religioso de un devoto romero. Viste correctamente y hace tiempo que ocupa un puesto destacado en la Organización. Presiento en su mirada que pretende engañarnos: es un vulgar ventrílocuo que no mueve los labios cuando promete cosas, y temo que algún día desenvaine su espada de terrible pirata, y eructe ante nosotros apestando a triste ron barato, a carnaza podrida, a pólvora y cañón.