Ahora la Maga no estaba en mi camino
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Sé que un día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven.
Julio Cortázar, Rayuela, cap. 1
Ayer leí, en el periódico de los sin techo, que todas las iglesias de nuestra ciudad van a ser convertidas en viviendas para nosotros, decoradas por nosotros, pintadas por nosotros. Ya tengo decidido el color de la mía: será roja y azul, y verde claro como los ojos de Emmanuèle, roja como sus labios sucios de carmín, como el vino también, rojo granate, azul como su pelo la casa entera, las paredes, el olor de su pelo en cada hueco de la casa, y tendremos espacio para todo, las latas de sardinas, los periódicos viejos, los cartones de tinto, los Ducados. Regresa pronto, Emmanuèle, nos queda algo de tiempo y mucho que vivir en nuestra nueva casa, nuestra primera casa, nuestro hogar para siempre si acaso esos señores no se vuelven atrás, deciden lo contrario y yo no vuelvo a verte, pues me temo...