Hada madrina

16 de agosto de 2009

A la salida del supermercado ofrece las noticias de la calle con voz resquebrajada. Casi no se la entiende. Sentada sobre el suelo su cuerpo es un gran atlas de trapos, soledad, tristeza, mugre. Tiene más de setenta. Hay personas que pasan por su lado con las bolsas repletas de comida, mirando de reojo. No se detienen nunca. Ella sigue gritando: “¡Noticias de la calle! ¡Noticias de la calle!” mostrando indiferencia frente a quienes se ríen de su aspecto. “Con el orgullo no se come” parece pensar, cuando cuatro niños que van en bicicleta le escupen en la cara. Una muchacha joven la limpia, la acaricia y la besa en la boca con dulzura, una, dos veces.