Juguetes rotos

16 de enero de 2012

Le doute, morne oiseau, nous frappe de son aile...

Arthur Rimbaud

Convivir sin pactar las reglas antes acarrea finales deleznables para progenitores que embarcaron compartiendo las naves en busca de deseos de amor y de amistad. De repente la duda entre personas que aprenden a quererse a borbotones, como pájaro lúgubre introdujo sus garras en el nido, y fuimos incapaces de reparar destrozos y seguir navegando. Y siempre que le hablaba de mi idílica imagen de envejecer unidos, hallaba anclada en ella esa mirada esquiva y silenciosa de la madre que cuenta compasivas versiones de una historia, lejos de la verdad, por evitar el daño del desnudo disparo de las palabras claras, las que escuecen, como escuece este amor que estoy mascando antes de digerirlo o de escupirlo. Se clava en el costado, en riñones y en hígado, en el pecho, forma parte de mi, me sobrepasa. Sin embargo persisto en el empeño de intentar ser, estar feliz como si juntos fuéremos aún, recordando los besos repetidos con la perplejidad del que habiendo entregado todo, nada ha ganado en el amor a excepción de la lícita alegría de quien sabe que tiene un reto de por vida en la risa de un niño, y otros nuevos propósitos de enmienda con los que mantenerse a flote, a bordo de sueños colectivos con justa dignidad. Por eso ahora acudo a los gimnasios, llevo una dieta sana sin tabaco ni alcohol, he ido al oftalmólogo, y me arreglo la boca y la tristeza en los viernes alternos que no disfruto a Pablo, para poder vivir contento como un huérfano con sus juguetes rotos.