La teta y la luna

22 de junio de 2009

Lo confieso. Al principio me enamoré de tus enormes pechos, desmesuradamente grandes, redondos, sostenidos. No te enfades si te lo cuento ahora, después de tanto tiempo. No pretendo ofenderte. Sólo quiero que sepas que aquello fue una forma de atraerme, hacer que me fijara en ti, que te pidiese apuntes para el siguiente examen y quedásemos luego citados por la noche, en tu pequeña casa junto al mar. Me gustaba estudiar geografía contigo porque me levantabas la camisa y con tu mano izquierda recorrías mi espalda, buscando la frontera portuguesa o tu pueblo natal en Teruel. Fuimos buenos amigos desde el primer momento y a mi me molestaba quedarme tan colgado al mirarte a los ojos. Fue terrible ir descubriendo cualidades tuyas, tales como el cariño que empleaste al hablarme de tu novio en Madrid. En las noches de luna recuerdo tu perfil de joven diosa aquella madrugada en el acantilado, cuando me desnudaste y sin mediar palabras te desnudé yo a ti. Es nuestro gran secreto, ya lo sé. Y te he jurado que nunca, nunca, nunca lo voy a revelar. Pero te pido un único favor: déjame dedicarte este poema. [polldaddy poll=1735798]