
Leer textos como el de Luis García Montero, «Escribir en los escombros», despierta una necesidad inmediata de descubrir las obras que recomienda. Montero nos lleva de la mano hacia el corazón mismo de la literatura: esa capacidad mágica y brutal de dar sentido, voz y presencia a lo que se rompe y queda bajo los escombros de la barbarie y la guerra.
El autor nos presenta el libro de Héctor Abad Faciolince, Ahora y en la hora, como una respuesta imprescindible ante el absurdo de la violencia. Abad, enfrentado a la tragedia que significó perder a su amiga Victoria Amelina en un ataque ruso en Ucrania, encuentra en la literatura la vía para enfrentarse a lo inexplicable, al sinsentido de la supervivencia. Su obra se convierte así en un testimonio íntimo y potente sobre cómo seguir adelante cuando la vida, de golpe, pierde su razón aparente.
Resulta conmovedor cómo García Montero entrelaza la historia del poeta Giuseppe Ungaretti tras la Primera Guerra Mundial con la experiencia de Amelina y Abad, subrayando cómo la literatura puede surgir del propio acto físico de desenterrar palabras sepultadas. La imagen de Victoria Amelina excavando en el jardín de Volodímir Vakulenko para rescatar sus últimos testimonios antes de ser asesinado, muestra la literatura como acto heroico, capaz de desafiar incluso al olvido impuesto por la muerte.
En este punto, la lectura recomendada por García Montero trasciende el simple acto literario y se convierte en un deber ético: conocer estas historias es una forma de no permitir que la violencia imponga sus silencios y olvidos. Así, la literatura adquiere una función vital y urgente, una manera de rescatar la vida desde la más profunda oscuridad.
Ahora y en la hora promete ser, según la sugerencia de García Montero, una lectura imprescindible para comprender no solo la tragedia de sobrevivir, sino también el poder que tiene la palabra escrita para redimir, para sanar y, sobre todo, para mantener viva la memoria de quienes ya no están, pero cuya presencia aún palpita en cada página rescatada del olvido.
Definitivamente, leer a García Montero sobre estas obras hace que uno sienta la necesidad inmediata de seguir leyendo, porque en medio de tantos escombros, la literatura sigue siendo ese refugio íntimo donde todavía podemos encontrar algo de esperanza y sentido.