Vine al mundo sin prisas, con la luna. Dieciocho de enero, entre la nieve y el mar, sobre la línea de un relieve. Yo nací, perdonadme, con la luna, la luna nueva del sesenta y nueve. Crecí siendo mayor, secuela de una leve adversión al tiempo. Por fortuna el temor sólo vuelve cuando llueve en las noches de insomnio más lejanas. Y ahora que me quedo medio ciego, de nuevo escucho idénticas campanas que en mi niñez, pero con más sosiego: hablando cara a cara con la muerte, entre los huecos, sí, de un contrafuerte.