Sombra 3.0

10 de enero de 2013

Cada vez que mi móvil gorjea como un pajarillo, salgo a la puerta de casa por si se adelantó la primavera, por si los diminutos comisarios del cielo traen noticias de ti, lo que es inútil: los pájaros, cabrones, -que diría el poeta- van a su aire.   El pío-pío eléctrico solo me avisa de un retweet o afirma que tengo nuevos seguidores, gente que ni conozco, extraños en la red, corazones dolidos o solitarios lobos tres punto cero en incesante búsqueda del cotilleo afín, de la noticia última.   Sé que soy un iluso esperando encontrar entre seudónimos - #casiperono, #blackcat400 – indicios que me lleven de nuevo hasta tus labios. Lo sé, de nada sirven todas estas señales si se extinguió la fuerza del deseo, y ni redes sociales ni sombras tecnológicas serían suficientes para hacerte volver; aunque de todas formas te he agregado a mi Facebook como amigo de amigo, escucho tus canciones en Youtube, comparto Spotify y observo tu ventana, cerrada día y noche, por si acaso regresan los vencejos aquellos y me dicen que han visto tu pelo entre visillos y tus ojos color de miel vertida mirando hacia mi patio.   Así hoy me descubro, en este siglo aciago, esperando milagros cibernéticos y el trinar de los pájaros al viento.