Sombra espejismo

3 de junio de 2011

No me beses, que me haces mucho daño cada vez que tus labios acarician los mios sin otra pretensión que el ser amables, sin otra utilidad que el desconsuelo.   No me mires, que sueño con tus ojos y en mitad de la noche me desvelo, y quisiera estar ciego o volverme invisible para que así no veas lo que sufro cada vez que me miras como se mira a un muerto.   No me toques, no me des palmaditas en el culo, ni quieras consolarme como a un niño. Mi mal, mi único mal me lo causan tus noes, tu rechazo de amor, tu voluntaria inhibición de roces y caricias, de los juegos carnales.   Pero ante todo no me dejes, llévame contigo a gritar fuerte, gritar hasta quedarnos mudos en la cima de un monte, en un acantilado, en el desierto.   Y cuéntame otro cuento, Shahrazãd, y conviérteme luego en arena dorada, en duna milenaria, en espejismo.