Non fuyades cobardes y viles criaturas
que un solo caballero es el que os acomete.
(Don Quijote de la Mancha, Cap. VIII)
Me voy porque no quiero que te vayas y meto tu dulzura en mi bolsillo por si mañana brillas con tu brillo y dices ciertas cosas que ahora callas. Me voy aunque me quedo con lo puesto, que no cambio de abrigo ni de almohada, que deseo tu boca y la vaguada de tu profundo valle bello, inhiesto. Me voy porque quizás ya te hayas ido cabalgando en tus sombras más hurañas, dejándome por voz este alarido que se clava en mi pecho, en mis entrañas, y que acaba quitándome el sentido si en mi sueño apareces y me arañas.