SUMAR, RESTAR, DIVIDIR y MULTIPLICAR

9 de junio de 2023

Yo no soy analista político, ni tertuliano, ni colaboro en ninguna cadena de radio, ni hago podcasts, ni soy YouTuber ni Ticktocker, ni instagraméo profesionalmente para ser un “influencer”. La única red que más o menos cuido es Twitter, aún a sabiendas de que estoy a merced de un algoritmo y de que hablamos de “la red del odio”, como la definiera en 2020 el por entonces consejero delegado de la compañía, Jack Dorsey. Y es en esta red donde podemos seguir de manera real, instantánea y auténtica las reacciones e intenciones de los tuiteros respecto a cualquier tema leyendo los comentarios a las publicaciones. Esos comentarios suponen un verdadero termómetro de cómo están las intenciones de voto por parte de la izquierda de cara a las próximas elecciones generales.

Cuando se empezó a hablar del proyecto SUMAR una ilusión colectiva recorrió la piel del electorado a la izquierda del PSOE. Una ola de optimismo, rayano a la ingenuidad, proclamaba a los cuatro vientos que Yolanda Diazsería la primera Presidenta de Gobierno de España. Pero cuando llegó la gran prueba de fuego, las elecciones municipales y autonómicas del pasado mayo, al estar las formaciones en proceso de negociación -unos pidiendo primarias, otras pidiendo unidad; que si cuotas, que si no cuotas-, a la hora de votar y pese a las advertencias de Pedro de que venía el lobo, las ovejas siguieron descarriadas y tras el escrutinio lo único que lograron con estas desavenencias cuasi infantiles fue que ganara la opción RESTAR. Así Podemos perdió poder territorial y perdió un total de 32 diputados autonómicos, lo que arrastró al PSOE que debido al batacazo de su partido el 26M perdió la posibilidad de reeditar cinco gobiernos autonómicos. Al día siguiente el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dio un giro inesperado adelantando las elecciones generales al próximo mes de julio, lo que pilló a todo el mundo a contrapié: a la derecha le impidió celebrar el reciente triunfo electoral, y verse obligada a revelar algunos de los pactos de gobierno con la ultraderecha en ayuntamientos y municipios puede restarle votos; por su lado, la izquierda del PSOE había conseguido lo que menos quería: DIVIDIR.

En ajedrez una de las jugadas más antiguas es la conocida como apertura española o de Ruy López. Es una apertura fácil, previsible, que se suele enseñar a los niños que están aprendiendo a jugar. Se basa en hacer crecer de manera lenta y progresiva la tensión del juego con el objetivo final de ocupar el centro del tablero. Quien lo consiga tendrá una posición sólida y dominante que le dará la iniciativa en la partida. A menudo ninguno de los jugadores quiere romper esa tirantez, y se van acumulando piezas sin que nadie tome una decisión o dé un primer paso. Finalmente serán los peones, con el resto de piezas apoyándolos, quienes determinen el devenir de la jugada. Y si trasladamos el escenario político al tablero de ajedrez los peones de Podemos lo han logrado, y las bases han avalado con un 93% de los votos que la dirección negocie un acuerdo con Yolanda Díaz. Y esta noche hay coalición, aunque todavía no esté Ione Belarra, secretaria general de Podemos, dispuesta a sacrificar a su reina, Irene Montero. Pero las negras las juega Pedro Sánchez, que sabe que la apertura a la española es muy fácil de contrarrestar. Bastó con un adelanto electoral.

Aunque ya (por fin) se haya inscrito la coalición SUMAR en el Registro Electoral para que la unidad de la izquierda concurra en las próximas elecciones generales del 23 de julio, el acuerdo todavía tiene ese fleco suelto de la reina sin reino que podría hacer saltar más chispas durante la campaña y desengañar a más posibles votantes, algo que agradecería Pedro Sánchez que se estará flotando las manos consciente de que su calculada jugada puede acabar en mate en 6 (semanas, que es lo que resta para la jornada electoral). Supongo que su deseo real no es que la izquierda a su partido logre los votos suficientes para poder revalidar la coalición de gobierno. No. Él sabía muy bien cuando nombró vicepresidenta a Yolanda Díaz que todo esto ocurriría, que los diferentes partidos, agrupaciones o alianzas entre la izquierda no socialista iban a sudar tinta antes de confluir juntos. Y que eso les restaría votos que mayormente acabarían en el PSOE. Por lo tanto, la estrategia de Pedro Sánchez solo tenía un objetivo: MULTIPLICAR. Específicamente multiplicar sus votos tanto si la izquierda concurría unida como si no. Y entre sus sueños -porqué no- imagino que estará que se produzca un vuelco electoral que haga malas todas las encuestas y que, como ocurriera hace un año y medio con el vecino portugués António Cósta, el sanchismo sorprenda y quede muy próximo a la mayoría absoluta.